podrán

podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

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lunes, marzo 30, 2015

LOS PRIMEROS LUGARES DE CULTO CRISTIANO EN MÉRIDA. SU RELACIÓN CON LOS DEL RESTO DE LA GEOGRAFÍA CRISTIANA.





Antonio Mateos Martín de Rodrigo.

HASTA FINALES DEL SIGLO IV.

En la noche del Jueves Santo Cristo instituyó la Eucaristía -Mateo 26, 26- en una habitación del piso superior o cenáculo de una casa de Jerusalén -Marcos 14, 13-16 -; la conmemoración de esta Eucaristía continuó realizándose en lugares similares hasta, aproximadamente el siglo III; también fuera de Palestina si bien en esta región los primeros cristianos completaron sus reuniones eucarísticas -Hechos 2, 2- con su oración en el Templo de Jerusalén -Hechos 2, 46-; los cenáculos, ampliándose al conjunto de la casa al aumentar el número de creyentes, se transformarían en las denominadas “domus ecclesia” o casas iglesias; en Roma, y sólo en Roma, se denominaron “títulos”; en este caso eran parroquias.

Algunas se levantaban de nueva planta pero no había un modelo; y en ciertos momentos fueron conocidas por los idólatras.
N.B. Al principio el término “iglesia” sólo era utilizado para designar el conjunto de fieles.

“Domuus Ecclesia” de Dura Europos, año 232.

En este primer período, anterior a la Persecución de Diocleciano. hubo de haber necesariamente “domus ecclesiae” en Mérida ya que alrededor del año 249 había una comunidad conformada en diócesis, quizás la primera de Hispania; de esta iglesia presidida por un Obispo, una “domus ecclesiae”, se desconoce la ubicación. ¿Podría haber sido la “domus” situada en la Basílica de Santa Eulalia, destruida a principios del siglo IV: o estaba situada en el interior de los muros?

Siguiendo las conclusiones de Javier Arce, si de esta iglesia doméstica no queda ningún vestigio, en el registro arqueológico sí se encontraría una lápida incompleta de un sarcófago de su cementerio o área cristiana: ésta nos permite ver directamente algunas creencias de la Iglesia emeritense de aquellos momentos: la lápida, que “se lee” de izquierda a derecha, es la imagen de un difunto llegando al Cielo.

Esta figura del Orante es una de las imágenes más representadas en las Catacumbas de Roma y, también por estas fechas de mediados y finales del siglo III.

La imagen se corresponde con el Banquete Celestial o “Refrigerium” que se desarrolla, en una especie de cenáculo y en el que se incluye la mesa en sigma usual de las casas romanas -en esta época los cristianos usan como altar las mesas de sus hogares-; el Orante o alma del difunto surge de un arca con dos cerraduras: es la barca y son los destinos de las llaves de San Pedro como Papa, por tanto este arca, no es de Noé, sino la barca pétrea y petrina, símbolo de la Iglesia Salvadora – Cf. Mateo 15,18-.

A PARTIR DEL MARTIRIO DE SANTA EULALIA.

a.      PRIMER ENTERRAMIENTO DE SANTA EULALIA.
De la época de Santa Eulalia apenas si contamos con vestigios arqueológicos directos salvo una inscripción en la que aparece el nombre de Calpurniano, el Gobernador que, según la Pasión de Santa Eulalia, ordenó su muerte.

Pero recientes excavaciones realizadas a la vera del Decumano Máximo nos han puesto, muy posiblemente, ante el primer “martyrium” de Occidente, fuera de las catacumbas de Roma; concretamente, además, el primero de Santa Eulalia, pero no público sino clandestino.

Por “martyrium” entendía André Nicolaivich Grabar cualquier edificio o lugar en el que hubiese constancia del paso de Cristo o estuviese enterrado un mártir; las grandes y pequeñas basílicas desde Palestina a Mérida se erigieron, entonces, para albergar los “martiria”.

Este Martyrium sería el Algibe, previamente desecado, de una antigua casa romana situada en las inmediaciones de la Puerta de la Villa en la denominada “Sala Decumanus”; se accedía a su interior a través de una escalinata y en una de sus paredes apareció un Crismón rodeado de una corona de Mirto; en la zona de la puerta se encontraban dos símbolos inconfundiblemente cristianos: un Ancla y unos Panes.

El Crismón sirve para situar el uso del Aljibe en la época inmediatamente posterior al 313; este símbolo del emperador Constantino, como legalizador del Cristianismo, aparece por primera vez en su época tanto en monedas como en los estandartes imperiales; incluye las dos primeras letras griegas del nombre de Cristo en griego: las letras Ji y Ro.

El Ancla fue utilizado tempranamente por los cristianos desde finales del siglo I y aparece originalmente en el cementerio romano de Santa Domitila; es el símbolo cristiano de la Esperanza Celestial en la Resurrección -Hebreos 6,19-20-.

A su vez los Panes representan el “Refrigerium” o Banquete Celestial; mediante el alimento eucarístico el cristiano rememora la muerte redentora de Cristo que va a librar a los hombres del pecado y que, a través de la Resurrección, les da paso a la vida eterna -Cf. Mateo 26, 26-28-.; es decir el alma ya se encuentra ante ella.

Pero, para terminar, consideremos la planta que cubre el Crismón: Es el mirto o arrayán.

El mirto, en la antigüedad, era utilizado como símbolo por todos los pueblos mediterráneos: entre los greco-romanos simbolizaba la alegría y con él adornaban a las novias, tal como los judíos; también los romanos usaban coronas de mirto en sus banquetes simbolizando la eterna juventud; éstos lo asociaban con el “Locus Amoenus”, una especie de Paraíso.

El mirto es un símbolo cristiano tomado de Ezequiel 1, 10; aquí simbolizaría al mártir en su realidad física actual como un arbolillo oculto, escondido, inadvertido, en la profundidad del valle a la espera de su manifestación gloriosa.

Sustituía al laurel para reconocer las victorias incruentas, como la de los mártires, como la de Santa Eulalia.

Tras considerar que los cristianos no se reunían de forma clandestina para celebrar la Eucaristía durante las persecuciones; o bien que las primeras manifestaciones del Arte Cristiano son funerarias, y considerando los símbolos como los propios del Refrigerio o Banquete Celestial, me inclino por situar aquí la primera tumba de Santa Eulalia; por otra parte el Concilio de Elvira prohíbe situar escenas religiosas en las iglesias..

Recreación del interior del Algibe.

b. LA BASÍLICA MARTIRIAL DE SANTA EULALIA.

En el siglo IV, tras la Paz de Constantino, los cristianos comienzan a erigir iglesias bastantes similares a las actuales; para ello eligen una planta arquitectónica, la de la basílica judicial y administrativa, lugar de reunión también  para comerciantes y clientes; era ésta una construcción sin asociación idolátrica y que satisfacía íntegramente las necesidades de las celebraciones litúrgicas cristianas.

La planta basilical. Amplia y bien iluminada, fue adaptada, pues, para la edificación de los dos únicos tipos de templos generalizados en el primer momento: de una parte la Basílica o Iglesia Eucarística, fuera de Roma era la Iglesia Catedral; de otra parte la Basílica Martirial, o Martyria, que en Palestina, excepcionalmente, no abrigaba ningún túmulo o tumba de mártir sino lugares relacionados con la vida de Cristo.

Recreación ideal según sus excavadores.


En el caso de Roma su Iglesia catedral, Basílica  del Salvador, luego denominada San Juan de Letrán, se situó, pero de nueva construcción, en el interior de la ciudad -no era un “martyrium”-; por el contrario, y también de nueva construcción, sus iglesias martiriales, la de San Pedro del Vaticano, y, entre otras, las de San Sebastián y de San Lorenzo, se construyeron extramuros; otras sobre las propias entradas de las catacumbas

No obstante, Constantino dispuso en Roma la construcción de ciertas basílicas martiriales sin ábside como la de San Sebastián extramuros.

Igualmente Constantino decidió erigir basílicas palatinas intramuros.

Este programa arquitectónico se generalizó en toda la geografía cristiana del Imperio Romano; por ello, las primeras iglesias diocesanas se conformaron como único conjunto con la basílica catedral y la basílica martirial; en el caso de Palestina las basílicas martiriales  no se edificaron sobre tumbas sino sobre lugares relacionados con la vida de Jesucristo: Basílica de la Natividad, a excepción de la Basílica del Santo Sepulcro.

En el caso de Mérida conocemos la ubicación de su basílica martirial “erigida a Dios en memoria de Santa Eulalia”, su mártir local, en el mismo lugar en  el que pudo ser expuesta a ser consumida por las alimañas del campo, tras su muerte en el Foro Municipal.                            Planta de la Basílica Martirial de Santa Eulalia.

No era la basílica de Santa Eulalia muy extensa ya que tenía una planta rectangular de una sola nave y a dos aguas, de unos 13 metros de largo por 9 metros de ancho, es decir, un poco más de 117 metros cuadrados; esta planta rectangular estaba rematada por un ábside, abovedado, en el que se situaba el túmulus o tumba que contenía sus restos mortales; sus excavadores también han interpretado la existencia de un atrio al occidente: el atrio indica que fue construida para acoger peregrinos.

Al parecer, según la estética del momento, había una gran diferencia entre la magnificencia del interior y la sobriedad del exterior; he aquí la descripción que de este santuario hacía Quinto Aurelio Prudencio Clemente:
Su sepulcro está en Mérida, ciudad esclarecida de la
Vetonia bañada por el famoso Guadiana, que, rápido, 190
lame sus muros con aguas fértiles.

Aquí donde el mármol pulido ilumina los grandes/ atrios con resplandores exóticos están depositadas en tie/rra Santa las reliquias y las cenizas sagradas de la mártir./ Los resplandecientes techos brillan siempre con sus/antorchas de oro y el pavimiento aparece combinado de/ manera que lo creyeras un prado en que se mezclaran/las flores y las rosas”.

c. LA IGLESIA CATEDRAL DENIMINADA DE SANTA JERUSALÉN.

Pero se desconoce la ubicación de la Iglesia Catedral situada intramuros tras la paz de la Iglesia; ésta, ¿estuvo precedida por una “domus ecclesiae”?, ha sido situada, hipotéticamente, en varios lugares del centro emeritense; actualmente la generalidad de investigadores creen que verla bajo la Concatedral de Santa María; no obstante un manuscrito santiaguista del siglo XIII negaría la continuidad y superposición aducida.

Yo quisiera ver la Iglesia Catedral emeritense -originalmente denominada, “Santa Jerusalén”,  tras una reutilización en la Basílica Judicial situada en el Foro Municipal de Augusta Emerita, en el espacio que resta por excavar; la reutilización de un edificio de origen romano para Palacio Episcopal está meridianamente establecida en el Libro de la Vida de los Santos Padres Emeritenses; acaso sirva de ejemplo.

La denominación de Santa Jerusalén viene a corresponder con el nuevo mundo que baja del Cielo para establecer el Paraíso en la Tierra: “Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. 2 Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. 3 Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él Dios - con - ellos, será su Dios. 4 Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado-Apocalipsis 21,1-3-”.

Para finalizar el artículo consideraremos la inexistencia llamativa de otras basílicas dedicadas a los otros Mártires emeritenses en época romano-cristiana; salvo la basílica martirial de Santa Eulalia en la Mérida romano-cristiana, parece ser, que no hubo ninguna otra basílica ni individual ni conjunta, incluso, ni de ¡Santa Julia

Quizá Quinto Aurelio Clemente tenía razón y en Mérida sólo hubo un mártir: Santa Eulalia.

En la ciudad de Mérida a 22 de febrero de 2015.