podrán

podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

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domingo, mayo 23, 2010

LOS GANSOS DE SANTA EULALIA...


Edició en Català

/ OPINIÓN

Domingo23mayo 2010
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LA PREGUNTA
¿Le parece adecuado que el Barça aplace la reforma del Camp Nou?

23/5/2010 04:16 EDITORIAL

EDITORIAL: 'Más allá de la célula '

23/5/2010 04:17 LA ESCALERA DE CARACOL

‘Carassa’

23/5/2010 04:17 LA ACTUACIÓN DE UN EXPRESIDENTE

Vade retro, Aznar

23/5/2010 Edición Impresa LA ESCALERA DE CARACOL 

‘Carassa’


 Foto: MARíA TITOS
Foto: MARíA TITOS
RAMON FOLCH
Poco a poco, desaparecen los andamios de la catedral de Barcelona. La deteriorada piedra de Montjuïc ha sido restaurada. Los turistas babean de nuevo con la fotogénica fachada del siglo XIX, obra de Josep Oriol Mestres,y con las esculturas prácticamente modernistas de Agapit Vallmitjana Joan Roig que pueblan el mainel, las columnatas y las arquivoltas. El cimborio, obra de Agustí Font, no llegaría a terminarse hasta 1913, pero la cara de la catedral, más que propiamente neogótica, como se la suele calificar, es tardogótica, porque Mestres respetó los esbozos de Carles Galtés de Ruan,el arquitecto francés que acabó su interior a principios del siglo XV.
Con los años, los edificios cambian. Por fuera y por dentro. En su arquitectura y en su mobiliario. Tiempo ha que la Carassa, la enorme cabezota de sarraceno barbudo, no pende del órgano renacentista suspendido sobre la puerta de san Ivo. Se consideró que podía ofender la sensibilidad musulmana, seguramente con razón, aunque aquella testa terrorífica (como otras parecidas, presentes en muchos templos catalanes) no representaba al islam, sino a la piratería berberisca y al histórico enemigo otomano. Pero, por si acaso, se tuvo el detalle de retirarla de la vista y depositarla en el Museu Diocesà. Me parece bien, pero me sabe mal: de pequeño, me deparaba reconfortantes escalofríos.
Si bien se mira, la catedral de Barcelona por entero es un museo. La mayoría de barceloneses no lo saben. Para ellos es una iglesia. Y, por décadas, muy oscura, además. El secular humo de cirios y lamparillas la había ennegrecido. Encima, el nacionalcatolicismo franquista la había degradado a fuerza de misas de campaña en la plaza y de carcundia canonjil en el coro. Hasta hace poco, la catedral de Barcelona era una cueva poco acogedora. Pero nunca dejó de ser un tesoro. Hoy, rescatada por dentro y por fuera, reluce de nuevo con fulgor.

Gansos
Mi hijo, que acaba de cumplir los 40, visitaba cada sábado la catedral, de la mano de su abuelo. Pasaba de sepulcros, retablos, imágenes y forjados, de gárgolas, capiteles, piedras clave y sillerías, incluso de santos de cuerpo presente, incorruptos o desintegrados, o de victoriosos cristos de Lepanto. Iba derecho al claustro, a echar pan seco, remojado, a los gansos. Hay 13, uno por cada martirio infligido por el procónsul Daciano a la pobre santa Eulalia. La mayoría de barceloneses actuales tampoco lo sabe.
Se hace muy difícil construir un imaginario colectivo como es debido sin referentes. Santa Eulalia,martirizada en el año 303 y enterrada en la cripta de la catedral (al menos eso se cree desde que en el año 878 el obispo Frodoí localizó su cuerpo), es la cotitular de la catedral y la patrona de Barcelona (la virgen de la Mercè lo es de la diócesis, no de la ciudad). Cebando los gansos, uno empieza a aprenderlo y a llevar la ciudad en el corazón.
La ahora restaurada nueva fachada tardogótica fue costeada por Manuel Girona, banquero y político nacido en Tàrrega que llegó a alcalde de Barcelona. Le daba vergüenza que la ciudad que había de acoger la Exposición Universal de 1888 tuviese una catedral sin fachada. Está enterrado en una de las capillas del claustro. Otro sepulcro (neogótico, este sí) ignorado. Los gansos, bulliciosos, desgarran a diario tanto silencio olvidadizo.

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