podrán

podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

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jueves, diciembre 27, 2012

EL HORNITO Y LA MÉRIDA DEL SIGLO XV. Antonio Mateos Martín de Rodrigo



según Ángel Texeira Brasero


En primer lugar agradecer  a D. José María Álvarez Martínez sus palabras de presentación y su invitación a participar en estas Jornadas Eulalienses en Conmemoración del IV Centenario de la Remodelación del Hornito de Santa Eulalia organizadas por el Museo Nacional de Arte Romano, uno, si SÍ el más importante, de los foros laicos eulalienses e impulsado personalmente por él y, en ocasiones, a contracorrientes.

En segundo lugar dedicar esta conferencia a un amigo entrañable y a un gran profesional que me enseñó a tomar como propia la Historia de Mérida, José Antonio Peñafiel González.

En 1979 José Álvarez y Sáenz de Buruaga sintetizaba los conocimientos sobre el Hornito con estas palabras: “El Hornito es una edificación a manera de oratorio o capilla, levantada en tiempo inmemorial en el sitio donde, según la tradición, fue quemada nuestra santa”.

Y, añadía Álvarez y Sáenz de Buruaga, acaso con poca convicción sobre la autoridad de la fuente documental de este tormento atribuido muy tardíamente a Santa Eulalia: “Prudencio, el escritor más cercano a la niña mártir, señala que la quemaron con teas, pero luego, desde la liturgia mozárabe se habla de un horno donde fuera metida y de ahí el nombre de Hornito”.

Realizando una suposición más que evidente ya en 1979 Álvarez y Sáenz de Buruaga adelantaba, escribía yo en el año 2000, los resultados documentados de esta investigación: “Como ha llegado a nuestros días, más o menos, está ahí desde hace tres siglos y medio. No sabemos cómo era antes, aunque posiblemente sin pórtico y con menos área”.

A su vez Moreno de Vargas había especificado que “Junto a este templo (se refiere a la basílica) está una antiquísima capilla pequeña que comúnmente llaman el Hornito de Santa Olalla.

Y especificaba que era
-        “(capilla) levantada en tiempo inmemorial”.

Y es que como capilla, pero permanente a día y a noche, a alba y a ocaso; y abierta y a la vista, no como ermita sino como casa de oración con las puertas de par en par será erigida; veámoslo.

En el año 2000 con estos mimbres de referencia publiqué en la revista EULALIA, editada por la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia, el artículo DESCRIPCIÓN DEL HORNITO DE SANTA EULALIA EN 1498 (TRAS SU RECIENTE EDIFICACIÓN) Y DE OTROS LUGARES EULALIENSES DESCONOCIDOS).

Mi trabajo, que era el primer eulaliense, añadía cierto contenido de las Visitas de la Orden de Santiago de 1495 y 1498, documentos que eran desconocidos en los usos historiográficos emeritenses de entonces.

Basándome, pues, en los citados documentos fijaba la construcción del actual Hornito entre 1495 y 1498 ya que en uno se ordenaba su construcción y en el otro ya era una realidad.

¿Realmente los restos que se interpretaban eran realmente los de un horno de época romana?

No voy a entrar a tratar el tema.

Sobre el Hornito de Santa Eulalia se ha escrito bastante; también sobre su marquesina, atrio o pérgola procedentes del templo de Marte y, sin duda por su monumentalidad, parece tener entidad propia y distintiva hasta el hecho de que haya una cierta generalidad de gentes, letrada e iletrada, que identifica los mármoles martianos con el hornito propiamente dicho; quizá sea debido a una costumbre muy española como la de nombrar la parte por el todo tal como decir giralda a la torre que culmina el giraldillo.

Esta tendencia a la simplificación ha llevado a que normalmente en medios de comunicación, y a veces además en medios historiográficos, se interprete esta conmemoración como la de los cuatrocientos años de la construcción del Hornito.

Pero dadas las circunstancias extraordinarias y únicas de la Ciudad de Mérida la sustitución del Modelo Urbano medieval por el del Renacimiento va ser en Mérida acaso menos temprana que en mi Llerena natal pero sí ciertamente radical y aún más original.

Ahora bien debemos retroceder en el tiempo para fijar las bases de esta hipótesis inicial.

En el año de 1230 las tropas leonesas de Alfonso IX reconquistan Mérida y el Nono le entrega la ciudad y su término al Arzobispado de Santiago tal como ya tenían convenido; pero como quiera que el capitán de la guarnición arzobispal amenazase con devolver la ciudad a los musulmanes, por razón de no soportar los efectos del clima emeritense, el Arzobispado y la Orden de Santiago llegan a un acuerdo de colaboración en 1234; según Bernabé Moreno de Vargas, a cambio de la defensa militar por parte de la Orden “el Arzobispo hizo dejación al maestre de la mitad de Mérida y de sus términos y pertenencias”.

Es decir, que por este reparto, en Mérida entre los años de 1234 y 1254 hubo de haber dos ciudades distintas dentro de una misma cerca murada si bien desde 1235 con un solo Fuero.

Pero ¿cómo se la repartieron?

La existencia en Mérida de dos iglesias dedicadas a Santa María en un documento santiaguista de 1269 y localizadas la una en el interior de la fortaleza, y denominada Santa María de dentro, de dentro de lo que comúnmente se denomina alcazaba,  y la otra en el exterior y denominada Santa María de Fuera, me lleva a interpretar que el Arzobispo y la Orden también se repartieron el espacio urbano de la ciudad, quedándose, más o menos partiendo de la calle Santa Eulalia como línea divisoria, la mitad norte el Arzobispado y la mitad sur la Orden, es decir, la zona en la que se situaba la antigua alcazaba o castillo y la iglesia de Santa María denominada la Blanca.

Por ello al perder el Arzobispado su iglesia mariana primigenia decidió construir otra más o menos, y creo que digo bien esto de “más o menos”, donde se encuentra la actual con-catedral de su mismo nombre, eso sí situada ésta, también “más o menos”, sobre la iglesia mariana ampliada en el siglo XV según Moreno de Vargas.

La trama urbana de la Marida musulmana, con una peculiar forma de casi triángulo equilátero con el vértice en la actual Puerta de la Villa, fue cristianizada con la erección de dos parroquias por parte del Arzobispado y de la Orden en 1234 para repartirse también el territorio parroquial: Santiago y San Andrés respectivamente; y para ello me baso en la escasa población emeritense que sólo daba para una sola parroquia y ésta con una colación bastante estrecha -Llerena con más habitantes y más acomodados sólo tuvo una parroquia durante la Baja Edad Media-.

Además de sus ubicaciones totalmente opuestas dentro de la trama urbana las parroquias emeritenses estaban situadas a la vera justa de dos puertas de la muralla; a su vez, tal como era entonces usual, pudieron ser estas dos parroquias dos centros comerciales diferenciados; sobre el de San Andrés no hay dudas ya que Moreno de Vargas lo refiere claramente: “En la pared de esta iglesia, por la parte de afuera, junto a la puerta, está una piedra en forma de tabernáculo y en ella una señal redonda y otra larga como una tercia. Pienso son señales y padrones de las medidas y marco de la ciudad, pues según dicen algunos autores fue costumbre poner en las iglesias semejantes padrones y marcos y los guardaban en ellas antes que hubiese casas de cabildo, las cuales mandaron edificar los Reyes Católicos”.

De la vara de la Iglesia de Santiago creo que aún quedaría un vestigio: un trozo de columna en el que se observa un resto de vara de medir.

Pero en 1254 el Arzobispado y la Orden acuerdan intercambiar la parte arzobispal de Mérida por las posesiones santiaguistas de Galicia.

La ciudad pasa entonces al dominio total de la Orden de Santiago y Mérida recobra su unidad política y religiosa; y, lógicamente, comercial.

También la Orden conserva las cuatro iglesias intramuros aunque abandone la atención a Santa María de Dentro; pero  extramuros había sido reconstruida, eso sí, una muy especial: la Basílica de Santa Eulalia.

La Basílica de santa Eulalia sería reconstruida por la Orden de Santiago en un momento posterior al año 1234 año correspondiente a la fecha de la adquisición de su mitad emeritense.

Basándome en informaciones proporcionadas por José Antonio Ballesteros Díez y por Manuel Fernández López la actividad constructora de la basílica eulaliense tuvo dos fases; en una primera se construyó una pequeña iglesia comprendida entre el ábside y la puerta románica.

José Antonio Ballesteros la cree realizada con piedra de grano y en sentido norte-sur  y Manuel López Fernández la  interpreta como construida en mampuesto.

En una, y definitiva, segunda fase, culminada ya en 1268 según documenta López Fernández, ésta se ampliaría hasta ser como actualmente se ve; y se edificaba en el Maestrazgo de Pelayo Pérez Correa el más emeritense y eulaliense de todos los maestres santiaguistas.

La Iglesia Basílica de Santa Eulalia se rehabilitó siguiendo casi fielmente el plano de la anterior de época visigoda ya que existían los vestigios básicos: gran parte del triple ábside; y aunque, al parecer, esta iglesia medieval era de menores dimensiones que su precedente visigótica, durante la Edad Media fue la iglesia más grande de toda Extremadura, incluidas las catedrales extremeñas; así los Visitadores de 1495 referían sus proporciones catedralicias: “El cuerpo de la dicha yglesia es grande y está edificada de pilares gruesos e arcos altos, que bastaría para iglesia catedral”.

Pero en contra de lo que se ha mantenido y aún se mantiene por Manuel López Fernández, y asumo lo deducido por Francisco Tejada Vizuete, la iglesia de Santa Eulalia no fue parroquia hasta 1498 cuando sus visitadores describen por vez primera en ella la existencia de una pila bautismal; en realidad fue reerigida como Iglesia Capitular de la Orden de Santiago, es decir la iglesia central y más importante de todo el Maestrazgo incluidas las de los conventos priorales de san Marcos y de Uclés o la prioral/episcopal de Ntra. Sra. de la Granada en Llerena; por ello veremos que cuando se reinstala definitivamente en León el Convento de San Marcos el Vicario de Santa Eulalia, ya para entonces también párroco, satisfacía el oficio de Portero de los Capítulos.

Desde su refundación sus curas eran además de Porteros Capitulares, Vicarios, es decir,  jueces eclesiásticos nombrados no por parte del Prior de San Marcos sino del propio Maestre.

Y a ¡falta de lógicos derechos parroquiales¡, recibían de los curas de Mérida y Montánchez y de sus villas y aldeas derechos episcopales denominados “catedráticos”.

Conociendo ya la entidad de la Basílica de Santa Eulalia avancemos en el tiempo para situarnos en el año 1475, es decir en pleno siglo XV; fue entonces cuando comienza la Guerra de Sucesión Castellana, un conflicto bélico por el Trono de Castilla entre los partidarios de Juana la Beltraneja e Isabel la Católica y con el que nos estamos familiarizando en sus detalles e intimidades a través de la serie ISABEL emitida por Televisión Española.

En esta guerra Mérida alcanzaría un protagonismo bélico de primer orden que la destroza como conjunto urbano medieval y al mismo tiempo obliga, ya concluida, a la Orden de Santiago a replantear su reurbanización siguiendo otro modelo urbanístico y con la trashumancia como referencia.

Pero consideremos antes el hecho bélico y sus influencias capitales en la trama urbana.

Tras la batalla emeritense de la Albuera del Cerro Carija el Maestre de la Orden de Santiago D. Alonso de Cárdenas  toma la ciudad y pone cerco a la fortaleza tomada en 1476 por la condesa de Medellín en la que se refugiaron los partidarios de doña Juana, tanto castellanos como portugueses;  a su vez el Maestre dispone su propia fortaleza en la Torre de Rapapelos situada  en la confluencia de la calle Sagasta y José Ramón Mélida.

La zona de fricción necesariamente estaría situada alrededor de la alcazaba o fortaleza que conservaban los partidarios de Juana la Beltraneja a través de Juana Pacheco, condesa de Medellín; por ello gran parte de sus casas fronteras debieron ser derribadas y entre ellas muy probablemente las manzanas que hoy señalan las calles Atarazanas, Plaza de Santo Domingo, Suárez Somonte, Ventosillas, Cimbrón, Brudo y por la Casa de la Cal enlazando por Romero Leal hasta la Plaza de España; final de Félix Valverde Lillo, Calle Santa Julia, Plazuela de Santa Clara hasta  bajar el Arco Trajano, San Juan de Dios y actual Morería

Y, especialmente, la manzana que ocupaba la actual Plaza de España no volvería a ser levantada como sería el caso de otras aledañas.

Los Visitadores de 1498 cuando inspeccionaron la iglesia de San Andrés  razonaron su abandono como iglesia parroquial: “Porque los perrochianos se despoblaron” y documentarían mi hipótesis sobre los desastres de una  guerra urbana en la propia Mérida.

Para hacernos una idea del destrozo realizado dentro de la ciudad el propio Maestre, una vez tomada la ciudad, se aprestó a disponer sus propias obstáculos defensivos dentro de la población; en palabras de Francisco de Rades y Andrada: “Y mandó hazer grandes baluartes, cavas, y otras defensas, para que su gente estuviese segura, así de los cercados como de los que viniesen a socorrerlos. Duró este cerco cinco meses; en los quales hubo muchas escaramuzas, y murieron algunas gentes de ambas partes”.

Moreno de Vargas interpreta que hubo más muertos: “El maestre con los caballeros de la Orden  y gente de Mérida combatió la villeta y fortaleza; túvola cercada muchas días, en los cuales hubo varias escaramuzas y reencuentros entre castellanos y portugueses, y de ambas partes murieron muchos”.

Posiblemente este desmantelamiento urbano podría haber comenzado en la época de la construcción de la Alcazaba en el año 835.

El allanamiento de edificios alrededor de la fortaleza, comprobado arqueológicamente  alrededor de las murallas durante otros conflictos bélicos, además de una necesidad táctica comprensible y deducible puede inferirse por el retranqueo de la muralla musulmana y por la primera ubicación del Corral del Concejo; éste en 1498 se situaba frente al cementerio de Sta. María y la Puerta del Perdón lugar que ocuparía otro espacio frontero con la Fortaleza por la parte del puente romano; otro documento del siglo XVI hace relación de edificaciones ilegales de esta época frente a la fortaleza en dirección a la Plaza que documentaría cuándo ya estaría formada la plazuela o plazoleta del Rastro: “Otra preocupación de los Visitadores, puesta ya de manifiesto por Aurora Ruiz Mateos, es la pérdida de campo visual  hacia la Plaza, debido a que “delante de la fortaleza se han hecho casas con excesiva altura y solicitan que sus mercedes manden que las dichas casas que se han alzado se baxen como solían estar y de aqui en adelante no se alcen” según recoge Manuel Garrido Santiago de la Visita de 1533.

Pero hacia 1235 ¿dónde se edificó la ermita de Santa María de Fuera? Por razones tácticas se me antoja que algo lejos de la Fortaleza y de la muralla que corría por la inmediata calle de Castelar hasta el final de la calle San Salvador; lógicamente en el lugar asignado al Arzobispado de Compostela; no descarto la posibilidad de que hubiera sido elegida su ubicación además como hito “fronterizo” entre los compostelanos y los santiaguistas; pero sobre todo habría de haber sido situada en un lugar lo suficientemente lejano que no embarazase la defensa tanto de la muralla como de la fortaleza y, consiguientemente, no hubiese necesidad de derribar en caso de conflicto.

Sin embargo. que la iglesia ampliada de Santa María de Fuera se adaptase a un nuevo trazado en el siglo XV me lo mostró José Antonio Ballesteros con su notable perspicacia; la iglesia indicaba su orientación correcta este-oeste a través de una flecha situada en el ábside de la capilla del Evangelio, ahora el Sagrario. 

Es de creer por esta señal expresa que se había cambiada la orientación original en 1480 cuando Don Alonso de Cárdenas ordenó su ampliación.

Unos años antes Don Alonso de Cárdenas mandó erigir, año de 1475 en Llerena, la Iglesia de Santiago, mi iglesia parroquial, entonces como su mausoleo;  ésta a simple vista está bien orientada y se erigió sobre la ermita de san Pedro, pero con una particularidad renacentista: fue situada en el mismísimo centro de una plaza cuadrada, hoy virtual por añadidos posteriores.

Así pues el dato de la aclaración expresa de la orientación correcta de Santa María de Fuera, actualmente con-catedral de Santa María,  es muy importante y aún es más significativo; constituye un elemento esencial para conseguir la regularidad geométrica de la Plaza emeritense; en fin demostraría que se estaba creando conscientemente la Plaza Mayor de Mérida tal como casi hoy la vemos y con la disposición y los usos propios de la política urbana de los Reyes Católicos ya plenamente Renacentista; nuestra Plaza Mayor, de estructura geométrica regular, será el referente religioso, político, económico y social de la ciudad porque en ellas como aseveraba  Bernabé Moreno de Vargas se unió el todo por obra y gracia del Maestre D. Alonso de Cárdenas Cano, XL y último Maestre de la Orden de Santiago y, al parecer, por ende creador de esta Plaza: “El maestre dio luego orden de reparar la ciudad de Mérida, que con las guerras pasadas estaba muy maltratada, mandó se hiciese la iglesia de Santa María de la Plaza, ampliando la ermita que allí estaba” y “que se redujeran a ella las parroquias de Santiago y san Andrés. Entonces se puso en orden y policía la Plaza y se edificó la lonja con seis arcos de piedra, y sobre ella la sala del Ayuntamiento, que ahora se llama la Audiencia Vieja”.

Consecuentemente se ubicaron o ¿se reubicaron? las medidas de la ciudad situadas en San Andrés en las nuevas Casas Consistoriales situada ahora en la Plaza Mayor: “y así, en las que entonces se hicieron en Mérida, que ahora llaman Audiencia Vieja, en la esquina de abajo, en las piedras de su edificio, están señalados los padrones de la vara de medir”.

Pero el Modelo Renacentista, no va a quedar su impronta intramuros de la Ciudad de Mérida; con el final de la Guerra de Granada el reino de Castilla recupera sus exidos también para la religión; y otro de los elementos renacentistas, el interpretativo de las piedras romanas, va afectar a la Iglesia de Santa Eulalia con la consiguiente reinterpretación ingenua o pre-científica de restos romanos ubicados en ella y en sus proximidades.

Y, entonces, se realiza la primera interpretación histórica de restos arqueológicos en la Historia de la Arqueología emeritense.

Reconstruyamos brevemente su historia: El día 7 de noviembre de 1498 llegan a la ciudad de Mérida el bachiller Alonso Rodríguez Zambrano, cura de la villa de Valencia de la Torre (o del Ventoso) y Alonso de Esquivel, comendador de Castilleja de la Cuesta.

Son Visitadores Reformadores de la Orden de Santiago de la Espada, bajo cuyo señorío se encuentra Mérida y su Tierra ahora bajo la administración del rey Fernando el Católico.

Tras presentar sus credenciales, emitidas por los reyes Isabel y Fernando, que habían asumido todos los poderes de los antiguos Grandes Maestres, comienzan su labor; fundamentalmente consistía ésta en la inspección de las propiedades religiosas, civiles y militares de la Orden y en establecer las disposiciones que creyesen más convenientes para su conservación o aumento.

Paralelamente el Secretario, que levantaba acta notarial, realizaba una detallada descripción de sucesos, iglesias, ermitas, fortalezas y propiedades de la Orden, de las Parroquias y de los Santuarios.

Y entre sus descripciones recrea por vez primera los Mitos y Lugares eulalienses transformando la basílica y sus alrededores en centro unificado de la interpretación martirial de Santa Eulalia… según su Pasión.

“A las espaldas del altar […] está un atajo  en que pareció un sepulcro desecho, en el qual dizen  que estuvo el cuerpo de santa Olalla, que agora está en Barcelona”.

Los mismos visitadores identificaron otro sepulcro a su vera  como los de San Germán y San Serván si bien advirtiendo que el cuerpo de San Serván estaba en Sevilla.

Seguidamente los Visitadores hacen referencia a la existencia de una Capilla de Santa Olalla en lo que hoy es la Capilla del Sagrario y que estaba vacía; yo la interpreto como el antecedente medieval del Hornito y lugar en el que, hasta 1498, en el mes de diciembre se bajaría del altar la imagen de Santa Eulalia para acercarla a los devotos eulalienses de Mérida y de su Tierra.

Y a continuación también los Visitadores describen una capilla subterránea como la cárcel de Santa Eulalia:

“A la parte del coro está una cueva  fecha de bóveda, dentro de la qual está un altar descendiendo, donde dizen la prisión en que estuvo presa Santa Olalla e que después fizo su vida en la dicha cueva un santo ombre que se dixo Martino, sacerdote”.

Pero este lugar como prisión de santa Eulalia se olvidó pronto y Moreno de Vargas lo certifica y explica por falsas interpretaciones de origen popular: “Y como el pueblo nunca apura ni considera la verdad de las cosas, siguiendo siempre lo aparente y lo común, le pareció que el santo Martín que allí había estado era San Martín, obispo,[…] y así a instancia de algún devoto suyo, se hizo en la cueva un altar y puso en él la imagen de San Martín, obispo, entendiendo todos que este santo era el que había allí tenido su morada, si bien es cierto que este santo nunca estuvo en España”.

Por último los visitadores advirtieron “E fuera de la dicha iglesia e portal está unas señales de paredes de horno de rrondo (derruido?), en que dize la letura del martirio de santa Olalla que allí fue quemada”.

Pero serán los Visitadores de 1498 quienes describirán por vez primero el recién construido hornito: “Delante de la puerta de esta dicha iglesia está un edificio de piedra manpuesta con un arco labrado de cantería, fecha de bóveda una capilla pequeña y un altar en ella y en él la imagen de Señora Santa Olalla de madera pintada y por delante una rreja de palo”.

También serán los Visitadores de 1498 quienes responsabilicen de su construcción a los Visitadores de 1495 cuyo secretario no recogió este tan importante dato: “el qual dicho edificio los visitadores pasados mandaron fazer en memoria de que en ella estaba el Horno en que la Señora Santa Olalla fue metida”.

Tras comprobar que la Visita General anterior a esta de 1498 se realizó en 1495 encontramos los nombres de los Visitadores en la “Historia de la Ciudad de Mérida” de Bernabé Moreno de Vargas: “ Franciscus Martinus Vicarius y de la otra no se puede leer más que  Fernando...”.

Hasta 1612 poco se hace por el ornato del Hornito a excepción de unas pinturas en su interior representando los treces martirios que la Pasión le confiere.

Y para terminar qué mejor que intentar imaginar cómo fueron las dos primeras imágenes emeritenses de Santa Eulalia, es decir la medieval y la renacentista.

La situada en el hornito en 1498, la primera imagen “moderna” o renacentista,  era “de madera pintada”; por el contrario la titular, es decir, la situada en el altar mayor era bien diferente y fue mejor descrita: era “de bulto”, es decir que tenía volumen para distinguirla de las imágenes pintadas denominadas entonces “istorias”, y añadía  el notario que estaba elaborada en alabastro; no obstante se le había añadido una falda "presada" (es decir de color verde claroscuro) y tenía un manto "colorado" sobre sus hombros y espaldas.

Según Tejada Vizuete la imagen medieval de Santa Eulalia, dado su material de alabastro, pudiera haber sido un regalo del Maestre D. Lorenzo Suárez de Figueroa ya que éste había donado otras imágenes del mismo material a otras iglesias emeritenses; por tanto su antigüedad se remontaría al año 1400.

En el siglo XVII aún existía esta imagen de alabastro pero había sido trasladada desde el altar mayor de la Basílica al Hornito según vuelve a testimoniar Moreno de Vargas; es decir que él la conoció.

¿Cómo era la imagen?

Yo quisiera creer que Moreno de Vargas, en otra más de sus extraordinarias y geniales aportaciones a la Historia de Mérida, pudo inmortalizarla en la portada de su libro “Historia de la Ciudad de Mérida” del año 1632 tomándola como modelo.


A mí se me antoja que por su volumen que el original de esta imagen era de alabastro...

Gracias por vuestra presencia y buenas y eulalienses noches.