podrán

podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

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martes, septiembre 01, 2015

LA CALLE SANTA EULALIA DE MÉRIDA. NOTAS PARA SU HISTORIA. Antonio Mateos Martín de Rodrigo..


La calle Santa Eulalia se encuentra situada, según los resultados de las excavaciones de José Mª Álvarez Martínez, a las espaldas del templo dedicado al culto imperial y, denominado “de Diana”; consecuentemente a las espaldas del Foro Municipal, que era la Plaza Mayor del entonces período romano.

No obstante, se dice, desde escritos inmemoriales, que ya era la calle principal en la época romano-idolátrica.

En esta ocasión voy a centrarme desde su constitución como tal vía eulaliense.

Evidentemente la denominación “Calle de Santa Eulalia” es tan relativamente antigua como moderna sin que pueda situarse en el tiempo cuándo comenzó a denominarse así; ahora bien, fehacientemente aparece a finales del siglo XV en un documento santiaguista redactado por los Visitadores-Reformadores de la Orden de la Caballería de Santiago de la Espada el 7 de noviembre de 1498: “De la Iglesia nos fuimos aver el estado en que se encontraba donde vivía el Vicario. Era una casa perteneciente a la Iglesia Parroquial de Santa Olaya y estaba ubicada en la calle de Santa Olalla”.

Lógicamente, de la época no hay fotos ni ilustraciones; pero, con la imaginación entremos en esta casa que los mismos Visitadores nos describen: “la puerta de ésta es de cantería labrada y en ella una casa delantera como entra por la puerta de la calle está una cámara (habitación) doblada con sus puertas y cerradura y junto a ella una escalera de piedra por donde suben a una cámara en donde hay una ventana que sale sobre la calle y en esta dicha casa delantera está una cocina con puertas y cerradura por donde entran  a un portal donde está una cámara con troxes (graneros) para trigo y cebada con sus puertas y es en este dicho portal  está un pajar con sus puertas y cerraduras  y en dicho portal una puerta por donde salen a unos corrales; en el uno de los corrales un pozo con unos pilares de piedra de una pieza y en el corral delantero un establo con dos apartados pequeños; es toda esta dicha casa de madera tosca tejada con teja en la cual dicha casa mora el vicario que a la sazón es de Mérida”.

Como nota final los Visitadores-Reformadores le mandaban al Vicario, párroco de Santa Eulalia, que “alce las paredes caídas de los corrales”.

De cualquier manera la calle tomaría el nombre de la Mártir y con su nombre español “ de Santa Olalla” tras la Reconquista y, sólo a partir de 1234, que es cuando los Caballeros de la Orden de Santiago de la Espada restablecen el culto a la Mártir. Advierto que fue la Orden de la Caballería de Santiago de la Espada quien reintrodujo el culto a la Mártir en Mérida y no el Arzobispado de Santiago de Compostela en cuyos planes religiosos no entraba ningún reconocimiento ni a nuestra patrona ni a su pasado eclesíastico.

No obstante, al avanzar en el tiempo hacia atrás, sí podemos deducir cuándo debió constituirse como tal “la calle Santa Eulalia”, es decir, como “Camino a la Basílica de Santa Eulalia”.

Hay calles cuyos nombres, además de relacionarse con personas, oficios, sucesos o “monumentos”, como es el caso de “Manos Alba”, “Viñeros”, “Baños”, etc. se ralacionan con Caminos; son las famosas “ruas” y “correderas”, como en Llerena, para señalar el antiguo Camino a Sevilla.

Pero en el caso que nos ocupa el Camino es breve y sagrado e injertado en la Historia de las aportaciones de Hispania y Mérida a la Civilización Europea.

Veamos: Como bien asegura Pedro Mateos Cruz el Cristianismo reconfiguró la topografía emeritense en el interior y exterior de la ciudad; su programa religioso y urbanístico era radicalmente diferente al idolátrico; mientras para éste la ciudad era la parte sagrada del “territorium” o término municipal, los cristianos, en determinadas ciudades, consagraron como lugar sagrado zonas del extrarradio en donde sus mártires fueron sepultados; con el tiempo estas basílicas martiriales constituyeron el centro de nuevas “ciudades sagradas” dotadas de la más amplia panoplia de recursos, como fue el caso de Mérida: albergue para peregrinos, escuelas, conventos, cementerio, etc. alrededor de la Basílica de Santa Eulalia.

Estas basílicas martiriales, según la terminología científica actual “basílicas martiriales”, se denominaban eclesiásticamente “martyria” en los principios del siglo IV; en la Iglesia de Occidente todas albergan un túmulus o tumba y todas contenían los sagrados despojos de los mártires: sus huesos.

La exclusividad de las primeras basílicas, erigidas sólo en las escasas ciudades martiriales auténticas, originó el fenómeno de las peregrinaciones; muy importantes fueron a Santa Eulalia de Mérida las procedentes desde el Norte de África, toda Hispania y gran parte del Occidente Europeo.

Para los peregrinos los huesos, independientemente de la cantidad y calidad de su conservación, tenían un gran valor espiritual; creían que Dios se había manifestado en los cuerpos de los mártires durante el martirio y, consecuentemente, continuaba manifestándose; así creían allegarse al propio Dios y contar con la mediación del mártir venerado..

Pero en Mérida, lo testimonia El libro de los obispos santos emeritenses, debía de haber una peregrinación particular, como en Roma y otras ciudades martiriales: eran las idas o “estaciones” a las “tumbas martiriales”; de ellas, respecto a la basílica de Santa Eulalia, no hay constancia personal o particular documentada salvo en el caso de sus obispos que, presintiendo la muerte, se acomodaban en ella para realizar el tránsito.

Pero sí hay constancia de la primera ida oficial o procesión desde la Catedral de “Santa María de Jerusalén”, situada dentro de la ciudad, hasta la Basílica de Santa Eulalia; y es la que, a la postre, va a dar nombre a esta calle; según concreta el Libro de las Vidas de los obispos santos emeritenses:  “Luego se dirigieron en manifestación a la basílica de la gloriosa virgen Eulalia. Llegaron proclamando alabanzas a Dios y, vociferando los gritos de júbilo, irrumpieron en su sacratísimo templo, dieron infinitas gracias a Dios, porque a ruego de su sagrada virgen, había ensalzado a sus siervos y reducido a nada a sus enemigos. ”.

La causa de esta peregrinación documentada, lógicamente a través de la calle de Santa Eulalia por ser la que enfila directamente hasta su Basílica, radica en un singular enfrentamiento teológico entre  el Obispo Sunna, arriano y el Obispo San Masona, católico, impuesto por el rey Leovigildo. Lo que se ventilaba era qué religión era la verdadera, si la arriana o la católica. Y en esta pugna ganó San Masona y tres años depués Recaredo, hijo de Leovigildo, asumió la religión católica que era la de la inmensa mayoría.

Una segunda peregrinación desde la Catedral de Santa María de Jerusalén la documenta esta misma obra de época visigoda, tras la derrota del ejército arriano francés a manos del Duque Claudio y sus trescientos soldados emeritenses.

Y, el motivo, el fin del Arrianismo en el Occidente Europeo tras el hispano, era más que gozoso para aquellas gentes y aún más importantes para la Historia de Europa según entienden algunos historiadores franceses.


En la ciudad de Mérida a 28 de julio de 2015.

Revista de Ferias de Mérida 2015.

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