podrán

podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

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martes, junio 10, 2008

JOSÉ CABALLERO RODRÍGUEZ Y SU LIBRO "Maximialiano Macías y su tiempo, (1867-1934), Historia íntima de las grandes excavaciones en Mérida" IV.



CAPÍTULO 1, Una infancia complicada (1867-1880). I.
No hace muchos días Pepe me ponía ante la posibilidad de hacerme cargo del Pregón de las Ferias del "Barrio" de Mérida; para quienes llevamos entre los genes algunos muy ennegrecidos por la carbonilla de las antiguas máquinas de vapor era una invitación clara a su aceptación -El "Barrio" es una parte de la Mérida habitada que comenzó a erigirse para acoger a las primeras familias ferroviarias-.
En este capítulo Pepe viene a decir que si la ferroviarización de Mérida fue "importantísima en su día para el despegue de una ciudad muerta" no puede sin embargo, "compararse a la relevancia histórica de las grandes excavaciones"; y finaliza asegurando que "convendremos en que el silbato del tren despertó al gigante, pero sólo se incorporó valorando su grandeza, cuando lo hizo la rediviva escena del teatro Romano".
Hace años nuestro común amigo y admirado historiador José Antonio Ballesteros Díez, descendiente de tantos personajes emeritenses citados en en este libro y otros de Caballero, nos proponía a ambos realizar una Historia del Ferrocarril en Mérida; pero no la hicimos y hoy más que nunca esta Historia se hace necesaria porque como muy bien dice Pepe sin el ferrocarril no habría habido excavación del teatro Romano -sólo los pueblos felices se urgan las entrañas-, aunque fundamentalmente él ya la ha hecho.
Y curiosamente el despertar emeritense como casa habitación y antiguo palacio de reyes redivivo vienen ambos de los romanos.
Como es verdad de perogrullo el teatro de Mérida es romano por propia naturaleza pero qué de romano tienen los raíles o las vías del tren; para explicar esta aparente contradicción recurro a mi abuelo; en su juventud fue ganadero en los campos de la Siberia extremeña; y, sin mediación alguna, se hizo ferroviario o lo que es lo mismo del garrote pasó directamente al silbido del tren; toda una revolución que se hizo no en una vida o en una generación sino que sólo necesitó unos años.
Sin embargo aquellos trenes, por causa de aquella no intermediación, siguieron en paralelo las rutas de las calzadas romanas -en Mérida véase la Alcantarilla, un puente romano sobre el que pasa la vía-; y esto hasta cierto tal punto además que los arqueólogos decimonónicos y aún posteriores que escribían en el Boletín de la Real Academia de la Historia en frecuentes ocasiones basaban las distancias entre las mansiones romanas sobre las distancias entre las estaciones ferroviarias; incluso "estación" se transformó en sinónimo de "lugar arqueológico".
Pues bien los ferrocarriles emeritenses -fueron tres antes de ser obsorbidos por el M.Z.A. : Ciudad Real-Badajoz, Mérida- Los Rosales (Sevilla) y Cáceres-Aljucén- redotaron a Mérida no sólo de su entramado romano perdido en época musulmana sino que ampliaron la Mérida romana bastante más allá de sus murallas.
Es decir la Mérida Monumental romana sólo fue recuperada en extensión y en su belleza cuando el ferrocarril en Mérida sentó las bases económicas, sociológicas y culturales: es el otro gran describimiento de esta obra.



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