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podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

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jueves, octubre 30, 2008

El instituto Santa Eulalia, un referente de la ciudad, cumple hoy 75 años.

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30 octubre 2008

Mérida

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30.10.08 -
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Lunes 30 de octubre de 1933. Hace hoy 75 años que en la Gaceta de Madrid, documento similar al BOE, se publica un decreto por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. En él se establecían como novedad tres tipos de centros de Segunda Enseñanza (institutos nacionales, institutos elementales nuevos y colegios subvencionados). Como centro de nueva creación nace el Instituto de Mérida, hoy Santa Eulalia, como Instituto Elemental de Segunda Enseñanza, junto a otros 36 centros distribuidos por España. Como regalo excepcional, el Ayuntamiento le concederá, dentro de un mes, la Medalla de Oro de la ciudad. En principio, se había especulado que la entrega de la medalla se podría hacer hoy, pero no ha sido posible por lo que el IES Santa Eulalia festejará hoy su aniversario sin actos, aunque «de la mejor manera, trabajando», dice su director, Cecilio Muñoz.

Fue el pasado 19 de marzo cuando el alcalde, Ángel Calle, y de acuerdo con el Reglamento Municipal para la Concesión de Honores y Distinciones, propuso que se inicie el expediente para la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad para el 'Santa Eulalia'. El 22 de abril se adoptó la propuesta de inicio de dicho expediente, así como el nombramiento de un instructor, el consejero municipal Saturnino González Ceballo, y un secretario, Juan Antonio Rollán, responsable de Relaciones Institucionales, que han tramitado e impulsado dicho expediente.

Aunque según reza en las actas capitulares de Mérida que en 1931 ya existía proyecto de creación e instalación de un Instituto en las dependencias del antiguo Cuartel Hernán Cortés, no fue hasta 1933 cuando se hizo realidad.

Desde su nacimiento tuvo distintos emplazamientos. Primero en las dependencias del Hernán Cortés, después en el grupo escolar Trajano y ya en 1937 se instala en la casa número 16 de la calle Moreno de Vargas. El Ayuntamiento alquiló la casa y la acondicionó para acoger el centro educativo, permaneciendo hasta el curso 1965-66. Fue en ese año cuando se trasladó a la ubicación actual.

Algunos de sus méritos

¿Sus méritos? De sobra demostrados. Al principio con capacidad para unos 1.500 alumnos, 50 aulas, laboratorios, gimnasio, patio de recreo, biblioteca, capilla, salón de actos con teatro y cine, bar-comedor... y más de la mitad de la población de Mérida que han pasado por sus aulas a lo largo de estos 75 años. No es moco de pavo.

El instituto convertía la ciudad en un referente cultural. Era el segundo de la provincia de Badajoz y a él estuvieron adscritos numerosos centros de la zona.

Camilo José Cela, Alonso Zamora Vicente, Pedro Avellanas o José María Maravall participaron en algunas de las actividades culturales desarrolladas en el centro.

Durante el curso 1978-79 se realiza el primer intercambio con una ciudad francesa. Desde entonces los intercambios fueron una constante en la vida del centro hasta culminar en la elaboración y participación de dos proyectos europeos en los cuales el Instituto representó a España: el Proyecto Eureka y el Ágora.

El interés del centro por el teatro también le ha definido a lo largo de estos años. Esta pasión se hizo realidad en numerosas ocasiones y culminó en la organización del Festival Juvenil Europeo de Teatro Grecolatino. Nació hace 12 años y gracias a él el Instituto ha sido merecedor de dos importantes reconocimientos. En el 2005, el Centro de Iniciativas Turísticas de Mérida quiso reconocer al instituto no sólo por su labor educativa, sino también por su promoción de la capital autonómica a través de este evento. El segundo reconocimiento llegó en el año 2006. Le concedieron la Medalla de Extremadura por la organización de dicho festival.

Vida dedicada al centro

Una de las personas que mejor conoce los entresijos y funcionamiento del centro es Antonio Gallego. Entró por primera vez como alumno, cuando tan sólo contaba con nueve años, en el 57, en la escuela preparatoria, a través de un examen de ingreso. Allí estudió todo lo habido y por haber y ya en el 71 ingresó como profesor, donde desarrolla actualmente su carrera hace la friolera de 38 años. En estos 45 años que lleva ligado al centro ha visto pasar miles de alumnos y cientos de compañeros de profesión.

Sólo buenas palabras para un centro que ya forma parte de su vida y con el que se identifica de forma irremediable. Y como no podía ser de otra forma, hoy Gallego también celebra su cumpleaños.

Pero las celebraciones no se acaban aquí. El próximo 28 de noviembre tendrá lugar una cena organizada por antiguos alumnos del instituto. Esta cita permitirá el encuentro de profesores y alumnos aunque está abierta a todos los que quieran asistir. Se celebrará en Las Lomas, a partir de las diez de la noche. Cerrará así una jornada que incluye una conferencia sobre el Romancero Gitano y Santa Eulalia, a cargo del que fue profesor en el centro, Jesús Antonio Serrano, catedrático de Literatura Española.

Las invitaciones de la cena, cuyo cubierto cuesta 36 euros, ya se pueden recoger en los hoteles Mérida Palace y Las Lomas.

Además de la Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto, en estos actos participarán como organizadores el Museo Nacional de Arte Romano, la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia y el Ayuntamiento de Mérida. Jesús Díez nació en 1922. Ahora tiene, por tanto, 86 años y cuando era tan sólo un chico, concretamente con 12 años, pisó por primera vez el instituto Santa Eulalia. Corría el año 1934. Allí estudió durante varios cursos. Hoy día es uno de los alumnos más veteranos que ha pasado por el centro. Le gusta recordar lo que fue aquella época.

-¿Qué recuerdos le quedan de aquellos días?

-Para mí es el mejor instituto que ha habido en Mérida, sobre todo por el plantel de profesores que tenía. Había muy buenos catedráticos y tenían un alto nivel académico, con lo que nos inculcaron el amor por los estudios. Aún recuerdo que algunos incluso vivían en unos pabellones que estaban enfrente del instituto. Conservo todavía amistad con algunos de los alumnos que allí estudiaron conmigo. A mí me gustaban mucho las Ciencias Naturales y como tampoco se me daban mal me decidí a estudiar para ser farmacéutico.
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