podrán

podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

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jueves, octubre 30, 2008

EL PARAÍSO CELESTIAL: DE SU ACCESO E INTERPRETACIÓN EMERITENSES.



no es válido

INTRODUCCIÓN:

En el período visigodo, decía Aquilino Camacho Macías(1988), que la ciudad de Augusta Emerita alcanzó su máximo esplendor; éste se había iniciado en el momento en que según Etienne(1982), se le concedió la Capitalidad del Vicariato de las Hispanias; dicho esplendor político fue confirmado religiosamente en el año 304, fecha en que es martirizada la emeritense Santa Eulalia.

EL ACCESO EMERITENSE AL CIELO O PARAÍSO CELESTIAL.

Santa Eulalia, como dice Prudencio(siglos IV-V), aún ennoblece más a su ciudad natal; y hace de ella, tras Jerusalén y Roma, la tercera “puerta” más prestigiosa de la Cristiandad. Esta “puerta”, su “martyrium” o basílica, catapultaba hacia las moradas celestiales a los fieles emeritenses, lusitanos y peregrinos.

La nueva religión formaba una comunidad singular denominada Cuerpo Místico de Cristo; de aquí que los méritos de unos (los miembros de la “Iglesia triunfante”) eran transmisibles a los otros (los integrantes de la “Iglesia militante” en estado de gracia); dicha creencia se basaba en el dogma cristiano de la “comunión de los santos”. Por influencia de este dogma los cristianos de la “iglesia militante” hubieron de emprender largas andaduras en busca de su salud espiritual, también física: los mártires como dice Prudencio atendían todas las necesidades espirituales y algunas materiales de sus devotos

Pero de cara al negocio de la salvación el hecho más importante era que los mártires estaban considerados co-juzgadores de los hombres (“quien beba el mismo cáliz que ha bebido Jesús -afirmaba categóricamente Orígenes(Hamman,1998)- se sentará, reinará y juzgará con el rey de reyes); el patronazgo, de los mártires, por tanto, significaba una más fácil salvación en momentos en que aún no se había impuesto el martirio de voluntad o no sangrante como nuevo medio de santificación personal, sobre todo para los fieles simples.

Además, como recuerda Martigny(1894) la celebración de la Eucaristía tenía establecido como lugar exclusivo el altar o ara situado sobre las tumbas de los mártires (hasta el siglo VII no autorizó la Iglesia el traslado de reliquias a los nuevos templos urbanos no martiriales; con ello se transformaron sus altares en nuevas “tumbas” de mártires a través de la reposición de sus reliquias procedentes de los cementerios suburbanos); así los “martirios” o basílicas, hasta el siglo VII, fueron los lugares exclusivos sobre los que se celebraba la Eucaristía según había establecido el papa Félix I a través de un decreto fechado en el año 274. Este, decreto, por razón del fin de las persecuciones, se hizo norma a partir del Edicto de Tolerancia del año 313, momento en que quedaron en desuso los oratorios domésticos.

Ante tamaña consideración de los templos martiriales, iglesias o aulas la importancia espiritual del “martirio”, “confesión”, “memoria” o “túmulo” de Santa Eulalia en Mérida, durante el siglo IV y aún posteriores, nos es revelada por José Caballero Zoreda y Pedro Mateos Cruz(1995); según ellos fue el único existente en las Hispanias durante dicho siglo (“no está atestiguada arqueológicamente ninguna iglesia martirial hispana durante el siglo IV”).

N.B. Evidentemente toda la escenografía de las basílicas martiriales revelaba su consideración como una representación del paraíso celestial; en palabras de Martigny: “los artistas se dedicaron naturalmente á decorar, como un jardín delicioso, los cementerios ó las criptas donde descansaban los venerados restos de los mártires..., expresando así la gloria celestial que disfrutaban”.

INTERPRETACIÓN EMERITENSE DEL CIELO: EL CIELO QUE VIO EL NIÑO AUGUSTO Y EL QUE ACOGIÓ AL MONJE BEODO.

El esplendor emeritense tuvo también otra importante manifestación: el “Libro de las Vidas de los Obispos Santos emeritenses”; entre sus muchas perlas recogemos ahora una interesante interpretación del Paraíso Celestial

Este libro, obra inconmensurable, fue redactado, según las investigaciones de Antonio Maya Sánchez(1992) en dos momentos del siglo VII por manos de dos diáconos de Mérida, el primero anónimo y el segundo llamado Paulo.

En este libro la Iglesia de filiación aristocrática o prudenciana en el siglo IV da paso a una Iglesia que recupera el cristianismo evangélico y muestra la labor social de los obispos, únicos depositarios de los medios para la subsistencia de sus pueblos como deduce Peter Brown(1997).

De este cambio da fe la interpretación emeritense del paraíso celestial.

Al parecer este “cielo”, es el fruto de las primeras “visiones” que, en España, describen las mansiones celestiales (esta visión ha sido interpretada por el psiquiatra Blas Curado(1998) como alucinaciones derivadas de un “delirio tremens”)

Los antecedentes directos y explícitos del “cielo emeritense” se hallan en las africanas “Confesiones” de San Agustín de Hipona a despecho de las deducciones de Claude Carozzi(1994). Evidentemente otros antecedentes ciertos han de rastrearse tanto en la escatología cristiana como mitológica de la antigüedad.

En Europa, y de carácter religioso, tenemos conocimiento previo del “cielo” en San Ireneo (siglos II y III); éste sitúa en la tierra su versión del “Apocalipsis” de San Juan (McDannell y Lang,1990).

El comienzo de la literatura religiosa europea de “visiones” puede radicarse en el Papa San Gregorio Magno durante el siglo VI; éste en sus “Diálogos” recoge la visión de Esteban; le sigue Gregorio de Tours con la “Visión de San Salvio” y la de Sunniulf; a continuación escribe San Beda las visiones de Fursa y de Drythelm ; les sigue la Visión de Baronto y del Monje de Wenlock con anterioridad al siglo VIII ((datos tomados de Howard Rollin Patch,1983).

También con anterioridad en España apareció una preciosa descripción del Paraíso en la pluma de Aurelio Prudencio Clemente; pero esta descripción se encuentra fuera de las literaturas de “viajes” y “visiones”.

De época visigoda, aunque posteriores a las visiones emeritenses, son las “visiones” de los cielos descritas por San Valerio del Bierzo (Lidia de Malkiel, ver Patch, 1983).

La Literatura Escatológica Cristiana presente numerosas contradicciones e interpretaciones; por ello dicen Colleen McDannell y Bernhard Lang que “El credo cristiano obliga a los fieles a creer en la vida eterna, pero no en los detalles de esa existencia celestial. En realidad, no existe –añade- una doctrina única al respecto, sino, por el contrario, una cantidad ilimitada de especulación”.

La que sigue es una de las más originales de la Península Ibérica y una de las primeras de la Edad Media.

Temáticamente continúa la tradición del “Poema de Gilgamesh”: el negocio que se presenta es la inmortalidad; en este sentido contrasta con el “infierno” de Homero al que Ulises va pero sin intención de permanecer en él.

Siguiendo la tradición, rota tan sólo por Santa Mónica y San Agustín, entre los humanos, y por Jesús y la Virgen María, el “Niño Augusto”, interno de la Escuela Episcopal de la Basílica de Santa Eulalia, visita el cielo durante la noche y en sueños. Como en el caso de santa Mónica posteriormente se produce la muerte por idénticas razones: la vida pierde sentido al conocer el visitante los goces celestiales.

Pero mientras el niño Augusto ve a Jesucristo Santa Mónica y San Agustín no.

El “Cielo Emeritense” es una sencilla pero sutilísima pieza de Teología Cristiana: además de asociar el Cielo “celeste” con el Edén o Paraíso Terrenal terrestre lo declara un lugar para la sensualidad pura de los sentidos; además de “flores fragantes”, dotadas de extraños perfumes, la boca puede saborear comida y bebida únicas; sobre todo la “carne de aves”, lo cual constituye una novedad entre los alimentos celestiales.

Evidentemente para un cristiano en el Cielo no puede haber mejor manjar ni más exclusivo que la “carne de ave”, es decir, la “Sabiduría” del Espíritu Santo (simbolizado por una paloma). En palabras de San Agustín: “Entramos en nuestras almas para trascenderlas después y así llegar a la región de la abundancia indeficiente donde tú apacientas a Israel con el alimento de la verdad. Y allí la vida es la Sabiduría[1]”.

Evidentemente Jesucristo, en el Cielo, no es sujeto de comunión para los fieles que han alcanzado la salvación al no necesitar ya de su sacrificio reparador.

Jesucristo es, para los ojos de los moradores del paraíso emeritense, la suprema belleza: “deslumbrador y apuesto en extremo, hermoso de rostro”; junto con él todos sus moradores humanos también son descritos como bellos de cuerpo y de vestiduras; por ello, este cielo, dotado también de sirvientes, pertenece al tipo de los denominados “cortesanos”.

Esta descripción cortesana o palaciega del cielo se completa con otra en la que el cielo se asocia con el Paraíso terrestre de Adán y Eva, ya como huerto de recreación, jardín u hortal.

Acaso por su condición de “cielo cortesano” el “paraíso emeritense” es presentado, también, como Tribunal de Justicia; en él se desarrolla una especie de pre-Juicio; éste exigido por el derecho de los mártires a entrar directamente en el cielo tras su cruenta muerte.

El cielo emeritense es uno de los primeros “cielos” no testamentarios, tras el Apocalipsis, que “confirma” la existencia en él de hombres y mujeres formando “coro” junto a los ángeles. Pero en esta visión del cielo no sólo las mujeres recobran su igualdad frente a los hombres; en la figura de Santa Eulalia se les reserva el “oficio” de ángel y arcángel.

Como Jardín o Huerto el paraíso emeritense es una excepción en el cristianismo; el Apocalipsis de San Juan había establecido, definitivamente, la “ciudad” como imagen del Paraíso Celestial(cap. 21) introducida por Isaías(cap. 26).

Pero sin lugar a dudas como gran novedad, posiblemente única vez en la historia de la Escatología Cristiana, vemos abiertas las puertas del cielo para un enfermo, a la vez, marginado social; un borracho o beodo pecador por “vicioso” según las creencias de entonces a quien se le podía aplicar, empero la respuesta de Jesucristo a los fariseos cuando le recriminaron por su “malas compañías”: “No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores(Lucas 5, 32)”.

Sin lugar a dudas el cristianismo emeritense volvía sus ojos a sus primeros destinatarios, los desheredados del mundo; además hay en él referencias directas al cielo como la solución a los problemas de la pobreza y de la injusticia social.

El “cielo emeritense”, como el cielo evangélico, también tiene “Moradas(San Juan,14,2), es decir, lugares que se corresponden con los merecimientos terrenales de sus habitantes celestiales; éstos son representados por “escaños” para indicar la jerarquización o “moradas” de los merecimientos.

Las “gradas” de este cielo revelan que los autores de las “Vidas...” tienen en mente como referencia el ábside de la basílica de Santa Eulalia en su etapa catedralicia cuando se denominaba de “Santa Jerusalén”; en realidad los autores de las “Vidas...” transcriben el suntuoso conjunto episcopal, del que formaba parte la basílica eulaliense, como modelo arquitectónico de este “cielo”.

Las ascensiones o vuelos del alma desde la tierra al cielo por propio poder ha de entenderse a partir de la conversión del alma en “paloma” o imagen del Espíritu Santo; estas no se realizan en solitario por parte de los agraciados que viven plenamente la “comunión de los santos”: una legión de santos y mártires acompañan a los difuntos. En el caso del monje alcohólico sus acompañantes son San Pedro, San Pablo, San Lorenzo y una innumerable legión de elegidos.

Contrapunto a este cielo al que puede llegar, incluso un beodo, aparece una virgiliana descripción del infierno. En él sufría ya “eternas penas” por haberse ganado “perpetua muerte” el muy poderoso rey Leovigildo “pasto de peces de siempre hirvientes aguas”.


último momento; un arriano, negador del Misterio de la Trinidad, no puede disponer de una última oportunidad; los pecados contra el Espíritu Santo son los únicos que no pueden ser perdonados.


EL CIELO TRADICIONAL DEL CRISTIANISMO DESCRITO EN EL APOCALIPSIS[2]:

“...visto el autor de la vida eterna, Jesucristo el Señor, entre coros de ángeles e incontable multitud de todos los santos...

un hombre deslumbrador y apuesto en extremo, hermoso de rostro...

..aquel señor más bello que los demás...”.

EL CIELO COMO JARDÍN O PARAÍSO:

“Estuve en un lugar ameno, donde había muchas flores fragantes, hierbas muy verdes, rosas y lirios, y muchas coronas de piedras preciosas y oro, innumerables tapices de seda y una suave brisa de templado relente que refrescaba todo con su soplo.

para que te enseñe el jardín que tengo...

...me sacó a un huerto amenísimo, donde había un riachuelo de aguas cristalinas; a lo largo, numerosas flores y follajes de fragante aroma, que exhalaban olor de raros perfumes”.

EL CIELO Y SUS MORADAS:

También vi allí innumerables escaños dispuestos a derecha e izquierda. Colocado en medio, se alzaba un escaño más elevado”.

EL CIELO COMO LUGAR DE LOS BUENOS PLACERES TERRENALES Y LA INAPETENCIA DE LOS PLACERES TERRENALES.

“Había numerosos criados, todos engalanados y hermosos preparando las mesas y el exquisito banquete. La abundante variedad de platos se surtía no con carne de cualquier animal: sino sólo de aves y todo lo que se ofrecía era blanco como la nieve.

Al empezar a comer... De aquel banquete ordenó darme comida y bebida, cual yo nunca había visto; que al tomar, me inundó de alegría. Y de verdad confieso que por virtud de aquel alimento me sentí de tal manera confortado, que ya nunca apeteceré otro”.

EL CIELO COMO TRIBUNAL DE JUSTICIA:

“Cuando se iba, traían ante su tribunal a no sé qué hombres que vociferaban y clamaban a grandes gritos. Al oir sus voces dijo: “Llevad fuera a los malos siervos; no son dignos de ver mi rostro”. Cuando lo hubo dicho, tan rápidamente fueron retirados, que no pude verlos más ni reconocerlos”.

“Luego que arrojaron fuera a aquellos hombres...”

“No temas hijo. Pasa tras de mí y quédate ahí. Añadiendo: “Sábate que seré tu protector. Nada te faltará jamás. Yo siempre te sustentaré, ye vestiré, en todo tiempo te protegeré y nunca te abandonaré”.

LAS VESTIDURAS DE LOS JUSTOS Y SU NO EQUIVALENCIA A LA EXISTENCIA TERRENAL:

“...irrumpió súbitamente gran multitud de invitados, todos engalanados de oro y piedras preciosas, ceñidos de brillantes coronas; marchaba una fila de la multitud por la derecha y otra por la izquierda; y a sí avanzando por uno y otro lado, rendían inefable tributo de veneración a su rey.

...Los hombres que allí vi distan mucho de los hombres que aquí vemos. Pues todos están revestidos de distinta figura y ropaje...

túnica blanca... se apareció tras su muerte”.

COMPLEMENTOS: EL CIELO Y EL INFIERNO SEGÚN OTROS CAPÍTULOS DE “LAS VIDAS...”.

LOS ACOMPAÑANTES DE LAS ALMAS.

el monje de Cauliana: “Sabed que todos mis pecados me han sido perdonados. Mirad: ahí fuera me aguardan los santos apóstoles Pedro y Pablo, y el bienaventurado Lorenzo, archidiácono y mártir, con una innumerable legión de elegidos, con los que he de volar hasta el Señor[3]”.

San Fidel: “Y poco después, el santo obispo, precedido de legiones de santos y esperado por los coros angélicos, emigró triunfante el reino de los cielos; y unido a los ejércitos

celestiales, mereció por permisión de Jesús, el Señor, ser recibido para siempre con perpetuo gozo en las sidéreas mansiones [4].

también una curiosa descripción del INFIERNO:

“... Leovigildo... tocado del dedo divino con gravísima enfermedad, llegó a término de su nefasta existencia ganándose perpetua muerte; su alma, liberada del cuerpo a desgarrones, condenada a eternas penas, hundida en el perenne infierno, fue encadenada al tártaro, no sin razón, para que fuera pasto de peces de siempre hirvientes aguas[5]”.

“A la vez hicieron inmenso estrago dando muerte a gran número de clérigos, religiosos y católicos de todas las clases, cuyas almas puras como el oro acrisolado y más brillantes que cualquiera piedra preciosa, recibió nuestro salvador y señor Jesucristo y encumbró en el sagrado cielo junto a los coros de los mártires [6]” .

tal es, pues, el cáliz de salvación, y el que lo ha tomado invocará el nombre del Señor: “Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvado”(Jn 3,5; Hch. 2,21 ;Rm.10,13)[7]”.

Un paraíso celestial humano pero no “grosero” [8], aparece descrito en suelo europeo ya en época visigoda, por manos anónimas en la ciudad de Mérida.

Una de las características del “cielo emeritense” es la de ser un cielo que permite determinados goces sensuales[9]” sin llegar a lo que se ha denominado el “cielo grosero” de otras religiones.

El “cielo hispanomusulmán”, considerado antropocéntrico, también en este aspecto se corresponde con el “cielo emeritense”.

La descripción del “cielo emeritense”, es decir su interpretación, se encuentra en el visigodo “Libro de las Vidas y Milagros de los Obispos Santos de Mérida”.

En ella observamos la primera descripción del Cielo antropocéntrico o hispanomusulmán en su primer capítulo, el de La Muerte del Niño Augusto”. Era esta una época en que aún no habían contactado los musulmanes y los cristianos; la muerte de Mahoma se había producido en el año 632[10].

en ella la Historia de la Humanidad se divide expresamente en edades, concretamente en las tres edades implícitas en dicha obra de San Juan: la edad del Oprobio, la Edad del Reino de Jesús y la Edad del Reino de Dios. Tampoco pertenece este relato a la llamada literatura de “visione”; en ella Prudencio hace una interpretación cristiana del paso de la Edad de Oro a la de Hierro al poner como causa la abominación humana[11].

Estos, por ejemplo, en las Actas de Santa Perpetua son perfumes, Martigny

El modelo del “cielo emeritense” es, sin duda, el gran y suntuoso complejo martirio-episcopal de Santa Eulalia. Las gradas de este cielo nos llevan a interpretarlo como un correlato del ábside basilical dotado de cátedra

Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? Les respondió Jesús: “no necesitan médico los que están sanos, sino los que están malAquí la escalera ya no es imagen de perfección sino el fin para alcanzar el cielo.

Un paraíso celestial humano pero no “grosero” [12], aparece descrito en suelo europeo ya en época visigoda, por manos anónimas en la ciudad de Mérida.

Una de las características del “cielo emeritense” es la de ser un cielo que permite determinados goces sensuales[13]” sin llegar a lo que se ha denominado el “cielo grosero” de otras religiones.

El “cielo hispanomusulmán”, considerado antropocéntrico, también en este aspecto se corresponde con el “cielo emeritense”.

La descripción del “cielo emeritense”, es decir su interpretación, se encuentra en el visigodo “Libro de las Vidas y Milagros de los Obispos Santos de Mérida”.

En ella observamos la primera descripción del Cielo antropocéntrico o hispanomusulmán en su primer capítulo, el de La Muerte del Niño Augusto”. Era esta una época en que aún no habían contactado los musulmanes y los cristianos; la muerte de Mahoma se había producido en el año 632[14].

en ella la Historia de la Humanidad se divide expresamente en edades, concretamente en las tres edades implícitas en dicha obra de San Juan: la edad del Oprobio, la Edad del Reino de Jesús y la Edad del Reino de Dios. Tampoco pertenece este relato a la llamada literatura de “visione”; en ella Prudencio hace una interpretación cristiana del paso de la Edad de Oro a la de Hierro al poner como causa la abominación humana[15].

Estos, por ejemplo, en las Actas de Santa Perpetua son perfumes, Martigny

El modelo del “cielo emeritense” es, sin duda, el gran y suntuoso complejo martirio-episcopal de Santa Eulalia. Las gradas de este cielo nos llevan a interpretarlo como un correlato del ábside basilical dotado de cátedra

Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? Les respondió Jesús: “no necesitan médico los que están sanos, sino los que están malAquí la escalera ya no es imagen de perfección sino el fin para alcanzar el cielo.

cuya primera “edición” corresponde al año 635 y su segunda a los añosentre el 672 y el 681, según Antonio Maya[16].

[17]



[1] p.246.

[2] Fue el Apocalipsis el primer libro que “abrió” los cielos a los seres humanos.

[3] pp.90 y 91.

[4] p.100

[5] p.112

[6] p.117.

[7] p.95, ver Hamman.

[8] “locus amoenus”

[9] En palabras de McDannell y Lang: “ Para el cristiano, por el contrario, la vida eterna será diferente. El sabio cristiano describe un cielo absolutamente teocéntrico en el que ni se comerá, ni se beberá ni se mantendrán relaciones sexuales. La recompensa por las penalidades e injusticias sufridas en esta vida no será el disfrute sexual, sino el poder ver y escuchar a la Trinidad”.p.19.

[10] pp. 28 y 30, Julio Cortés, ver Mahoma.

[11] pp.249 y ss.

[12] “locus amoenus”

[13] En palabras de McDannell y Lang: “ Para el cristiano, por el contrario, la vida eterna será diferente. El sabio cristiano describe un cielo absolutamente teocéntrico en el que ni se comerá, ni se beberá ni se mantendrán relaciones sexuales. La recompensa por las penalidades e injusticias sufridas en esta vida no será el disfrute sexual, sino el poder ver y escuchar a la Trinidad”.p.19.

[14] pp. 28 y 30, Julio Cortés, ver Mahoma.

[15] pp.249 y ss.

[16] p.30 Camacho Macías

[17] McDannell y Lang , pp. 86 y ss..

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