podrán

podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

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sábado, junio 07, 2008

PARÁSTERE.


Ayer por la tarde estaba yo en Madrid en el Parque de Atracciones y, como ya es normal, sobre las seis de la tarde se puso a llover; y es que este parece que es el Año Internacional de los antiguos Aguadores que están en los cielos.
Cuando no existía el agua corriente en las casas de mi tierra el oficio de aguador, si en casa no se tenía pozo o las aguas del pozo doméstico estaban salobres, era un bien preciado.
Recuerdo que en Llerena, aprovechanso sus descansos, mi padre traía el agua del Botón, un grifo de presión situado casi al final sur de la calle Santiago; y la traía en garrafas sobre un carrillo del que conservo las piezas metálicas.
Y aquel carrillo de una sola rueda construido por él mismo era la delicia de los niños pues siempre había algún crío que acompañaba a las garrafas.
Cuando nos vinimos a vivir a Calamonte mi padre encargó un pozo que hace unos pocos años reparé para evitar el solapamiento de la parte inferior -pero no me atreví a bajar hasta su fondo-; algunas vecinas acudían entonces a él por agua y una que aún sigue siendo imbécil en más de una ocasión se presentó a las cuatro de la tarde en plena siesta -ya te hablaré del suplicio que era la siesta cuando niño-.
Y hoy he estado en mi hortal calamonteño recordando todo esto mientras regaba con el agua de este pozo dotado de un motor que proporciona unos cinco mil litros de agua fresca a la hora.
He puesto fin al riego por aspersión; por tanto he preparado surcos para regar a pie; y con gran satisfacción he comprobado que el agua dormía bien en ellos -duerme el agua cuando el agua descansa a lo largo de todo el curso del surco por igual o a nivel (también dormían los trenes cuando llegaban a la estación de destino y pasaban en ella la noche o parte de ella).
Y mientras zachaba he deducido que posiblemente la palabra zacho tenga un origen onomatopéyico -zás, zas...- siendo el nombre de azadón -açadon en documentos del siglo XVII- bastante más moderno y culto.
Mientras zachaba para hacer el surco he rozado algunas tomateras y me ha llegado su picante y penetrante pero generoso perfume; y puestos en faena he cogido mi primer pepino y les he puesto a embotellar pepinos a Paco y a Jesús; y no me preguntes cómo se introducen los pepinos en el botella que la última vez que lo intenté destrozé más de veinte pepinos y no lo conseguí además de quedar arringado de tanto esfuerzo; por cierto Paco, siempre ocurrente, me ha ofrecido un nuevo método: se corta el culo de la botella y una vez introducido el pepino se pega...
Bueno es broma, cosa de humanos cuando tenemos sentido del humor.
pero que ¿qué es tener sentido del humor? Pues te lo contaré a través de una anécdota de mi hija la pequeña: tenía unos tres o cuatro y era el día de Reyes; como era costumbre al final de la mañana fuimos a comer Calamonte y antes de que se hiciese de noche salimos a dar un paseo por las pistas con las bicicletas que le habían echado; resulta que la cría tropezó con una piedra y cayó; pero ni se inmutó; sólo dijo que qué bonitas eran las margaritas. Y efectivamente en el suelo había margaritas.

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