podrán

podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

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domingo, abril 22, 2007

POÉTICA VII O DEL NÚMERO SIETE.









¡Quién como tú número 7 ó VII o IIIIIII¡

Pues hay quienes aún se encuentran en la fase prealfa del mundo y desconocen la exquisita variedad de la cocina poética; por supuesto, que en ella hay fogones de leña y hogazas de pan y moldes para hasta los dulces -perrunillas, prestiños, flores, etc. ; pero como quiera que la poesía es aperitivo, alimento o jardín del alma y del cuerpo (¿por la liberación de endorfina?) en esas cocinas se cultiva el paladar por encima del molde sobre el que rebosa; y, es que, como ha demostrado la Fisiología, los moldes perfectos, sin descompostura, catátónicos, engañan hasta los [más] sentidos.
La perfección, ¡qué horror¡
- Y la cirugía estética es su correlato-.
En 1975 conocí en el manicomio de Mérida, situado entonces en la Calle Almendralejo y por tanto en el mismo lugar en el que actualmente se sitúan gran parte de los juzgados actuales..., a un muchachito bello de cuerpo y de rostro pero maltrecho de ánima al que la lectura de obras religiosas -se le moteba como "el seminarista"- habríanle secado los sesos y el ánimo.
El seminarista era un hombre feliz o nirvánico pues ni desfacía entuertos ni emprendía quimeras ni sonreía ni se dolía; se limitaba a como leer infinitamente un poema infinito sobre un papel en blanco en un recorrido de veintemetros entre ida y vuelta; y más que patético, lo digo con sumo respeto, era perfecta manifestación y exposición de un poema perfecto, sin vida.
Y para apropiado disimulo El Seminarista usaba de gafas de intelectual sesentaoísta.
Sin duda El seminarista imitaba a lo humano y en lo humano trágicamente la perfección de Dios desde su séptimo día.
Por ello es preferible como Poética la puesta en escena del torrentoso Chiquito de la Calzada o del hotentótico Cantinflas; al crear palabras o destruirlas crean poesía, un difícil equilibrio entre la belleza absoluta y la vida que recuerda intensamente al olor agradable y al tacto sedoso del estiércol de hojas y de flores ya maduro.

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