podrán

podrán cortar todas las flores;

siempre habrá un hombre semilla.

miércoles, febrero 07, 2007

del tercer libro de JOSÉ CABALLERO RODRÍGUEZ.

ALEJANDRO DE LABORDE Y MÉRIDA, pequeña historia de grandes grabados.
Con su primer libro, Historia Gráfica del Cine en Mérida.1898-1998, seguida de Recuerdo de Mérida, en colaboración con Carlos J. Carvajal, José Caballero Rodríguez comienza una andadura historiográfica que, de lo meramente local, pero no por ello menos valioso, en el año 2004 dio un salto a la Historia de interés universal: Alejandro de Laborde y Mérida, pequeña historia de grandes grabados.
Para la crítica de este libro recupero la presentación que hice del mismo en el Salón de Actos del Museo Nacional de Arte Romano:
“Buenas tardes y bienvenidos todos -público amante de los libros, amigos y compañeros de la Asociación de Estudios Emeritenses- a la presentación del libro ALEJANDRO DE LABORDE Y MÉRIDA. PEQUEÑA HISTORIA DE GRANDES GRABADOS obra de la que es autor José Caballero Rodríguez.
Usualmente la presentación de un libro corresponde a algún personaje con algún relieve; no es mi caso; si he aceptado realizar esta presentación es por la única razón de amistad que me une a Pepe Caballero, uno de los más prolíficos y acertados investigadores de la ciudad de Mérida.
José Caballero Rodríguez nació en la ciudad de Mérida el día 27 de octubre de 1963 en el barrio de San Bartolomé. Pero a esta condición de emeritense de nacimiento y crianza Caballero le añade la de emeritense investigador de su Historia. Y en esta ocupación no profesional ha realizado ya una obra de extraordinaria valía: tres libros plenos de bellas imágenes y de acertado aparato científico como son, además del que presentamos: la HISTORIA GRÁFICA DEL CINE EN MÉRIDA.1898-1998, publicada por la Editora Regional de Extremadura en 1999 o RECUERDO DE MÉRIDA(1900-1935).TARJETAS POSTALES DE LA CIUDAD QUE RECUPERÓ UN PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD) escrita en colaboración con Carlos J. Carvajal Crespo y editado por Artes Gráficas BOYSU en el año 2002.
Por todo ello, a despecho de lo poco que se lleva a cabo en esta ciudad reconocer en público los méritos ajenos de los nuestros que carecen de cierto morbo, insisto, aunque él no se sienta aludido, en el hecho de que nos encontramos ante un eminente historiador y maestro en el uso preciso y bello tanto de las imágenes como de las palabras.
Así sus libros pueden ser apreciados y gozados por todos, desde el intelectual al mero curioso, desde el interesado al que los encuentra por casualidad. También para los que apenas si ya tienen fuerzas en los ojos para recordar son los libros de Pepe Caballero; libros en los que impone o en los que, mejor dicho, proyecta su personalidad afable, generosa y comunicativa.
Con esta obra José Caballero Rodríguez alcanza la madurez de investigador pues como dice José María Álvarez Martínez ha realizado un “magnífico estudio” y una monografía “ conducida con el rigor y el método adecuados”; por ello se consagra como singular e imprescindible historiador emeritense de una parcela importante de la compleja Historia de nuestra ciudad junto con otros historiadores, autores de excelentes libros; entre otros muchos que no podríamos nombrar y entre los que destacan numerosos miembros de nuestra Asociación de Estudios Emeritenses: José María Álvarez Martínez, José Luis de la Barrera, Agustín Velázquez Jiménez, Pedro Mateos Cruz, Francisco Morgado Portero, Magdalena Ortiz Macías, Fernando Delgado Rodríguez, José Antonio Ballesteros Díez, José Montero Olmenat, Máximo Pulido Romero, Javier Doncel Rangel...etc. etc..
La obra de Caballero Rodríguez ALEJANDRO DE LABORDE Y MÉRIDA. PEQUEÑA HISTORIA DE GRANDES GRABADOS ha sido publicada por Artes Gráficas Rejas que ha actuado como editorial e impresor. Nuestra más sincera enhorabuena por este trabajo que es una edición de altísima calidad y belleza extraordinaria.
Y como los grabados de Laborde constituyan uno de los motivos emeritenses más solicitados para su goce y exposición en cualquier lugar (bares, despachos, casas particulares, etc) Artes Gráficas Rejas acompaña el libro ALEJANDRO DE LABORDE Y MÉRIDA. PEQUEÑA HISTORIA DE GRANDES GRABADOS con una carpeta de láminas. Estas láminas son repetición de las láminas de Laborde integradas en el libro. Y, como entre las variadas virtudes de Pepe Caballero se encuentre el coleccionismo, el libro se completa con numerosas imágenes inéditas de monumentos emeritenses realizados por otros viajeros en el siglo XVIII.
El prólogo de este libro ha sido realizado por José María Álvarez Martínez, Cronista Oficial de la Ciudad de Mérida y director del M.N.A.R.; sin lugar a dudas nos encontramos ante un trabajo noble, exhaustivo e interesante al que destacamos expresamente por no ser un trabajo de compromiso sino de investigador. No en vano Álvarez Martínez goza de una perspectiva científica tan completa sobre el mundo histórico emeritense que le hace valorar convenientemente esta obra de Pepe Caballero no ya sólo en sus aportaciones a la historia local emeritense sino en sus aportaciones a la historia española o francesa. De cualquier manera cualquier aportación a la historia de Mérida lo es también a la historia universal por ser Mérida Patrimonio de la Humanidad y objeto de interés científico mundial.
Entre otras aportaciones Pepe Caballero realiza, por vez primera, la traducción del texto francés al español.
Y una traducción, lo que podría ser una nimiedad en cualquier otra circunstancia, en la historiografía emeritense alcanza una importancia considerable, en ocasiones determinantes; por ejemplo, basándome en mi experiencia la no traducción del texto inglés de algún investigador norteamericano, al que todo el mundo cita, nos ha privado de la más sublime e inesperada interpretación de la figura de Santa Eulalia. Lo mismo sucede con otros textos que hacen referencia a la historia emeritense y que, por mil razones, no han sido formalmente traducidos.
Con su traducción del texto francés de De Laborde, avalada por su condición de filólogo, no sólo nos sitúa Pepe Caballero ante las fuentes literarias del texto que escribió De Laborde: el viajero Antonio Ponz, uno de los escasos viajeros ilustrados de nacionalidad española que describieron Mérida y sus monumentos en siglos pasados. También nos sitúa ante la asombrosa e inesperada valoración que de Mérida y los emeritenses tenía este ilustrado francés. Aunque reconoce a Mérida como “una de las villas más abandonadas y pobres de la Monarquía española” se hace eco de las palabras de un visitante italiano que la comparaba con Herculano considerando él mismo a Mérida como la mejor cantera de restos romanos tras los de algunas regiones italianas.
Del Hornito dice que “Menos conocida quizás, por ellos, que por los extranjeros atraídos a Mérida por la reputación de sus Antigüedades, esta capilla es, en efecto, un monumento digno de la curiosidad de los amigos del Arte”. Según su interpretación “Ningún monumento antiguo, incluso la columna de Trajano, ofrece datos tan preciosos y tan interesantes sobre el equipamiento militar de los romanos”. Incluso anuncia un asombroso descubrimiento: entre la “multitud de armas ofensivas y defensivas” “ se distingue un casco con visera, invención que se creía pertenecía a los siglos modernos y que no se había visto más que en cerámicas griegas, impropiamente calificadas jarrones etruscos”.
También presenta De Laborde a Mérida como ciudad más persistente que la misma Roma: “Los acueductos de Mérida no se rindieron ni en grandeza ni en magnificencia a los de la misma Roma y es fácil convencerse de eso con el aspecto de sus ruinas”.
De Laborde, a pesar de la pobreza que reina en Mérida, observa el buen gusto de sus habitantes y reconoce que el Obelisco o Columna de Santa Eulalia “tiene sin embargo mucha elegancia y sutilidad” concluyendo que “previene en favor del buen gusto de sus habitantes”.
José Caballero biografía con datos inéditos no sólo a Alejandro de Laborde, también a su familia que, aunque de origen español, manejó las finanzas francesas en los últimos días de la monarquía borbónica allá por el siglo XVIII.
Descubriendo a Laborde como arqueólogo y dibujante Pepe Caballero arruina el mito de Laborde como espía napoleónico.
Según descubre Pepe nos descubre De Laborde vino a España a aprender y una de sus primeras asignaturas fueron las ruinas de la antigua Augusta Emerita.
Antes de morir en la guillotina Diderot definió a su padre como “el nuevo Midas”. Y Alejandro de Laborde, hijo de un hombre rico de su tiempo, comenzó su formación viajando, como era entonces preceptivo en las mejores familias francesas. Al llegar a Mérida se convirtió en uno de los primeros “arqueólogos” de Augusta Emerita bajo la dirección de Manuel de Villena Moziño, acaso su primer “arqueólogo oficial”. Y, como Elio Antonio de Nebrija, siglos antes, Laborde también echó mano de la regla para medir los monumentos romanos emeritenses. Tal como nos hace saber el prologuista José María Álvarez Martínez De Laborde tomaba medidas antes de dibujar los monumentos.
También se convirtió De Laborde en uno de sus primeros descriptores gráficos y, por obra del Ayuntamiento de la Ciudad de Mérida, en el “retratista” más popular de los monumentos romanos de la ciudad. Por cierto gracias a la labor investigadora de José Antonio Ballesteros Díez sabemos que un grabado emeritense de Laborde, el correspondiente al Hornito, forma parte de la colección “Paisajes” de la Real Vajilla de Palacio, perteneciente ahora a Patrimonio Nacional. Por encargo de Máximo Pulido Romero otro grabado de Laborde ha sido plasmado en cerámica valenciana. Ambas realizaciones forman parte de las escasas reproducciones plásticas de estos dibujos que, a lo más, habían sido coloreados por encargo de los suscriptores.
Para cerrar mi intervención intentaré situar la obra ALEJANDRO DE LABORDE Y MÉRIDA. PEQUEÑA HISTORIA DE GRANDES GRABADOS en su contexto histórico: el de las íntimas relaciones entre Augusta Emerita o Mérida y la Galia o Francia.
Si no antes, pues junto con los romanos de Augusto llegaron legionarios galos a asentarse en Lusitania, desde luego con toda seguridad, comenzaron estas relaciones, hace ahora unos 1700 años.
Sucedería este hecho cuando, hipotéticamente, el Prefecto de las Galias, envió embajadores para comunicarles a los responsables de la ciudad que Augusta Emerita se había convertido en la capital de la Diócesis de las Hispanias. A partir de entonces sobre las calzadas que se dirigían a Roma se singularizó una nueva ruta: la ruta que, desde las Galias, se dirige hacia Augusta Emerita. A través de este camino galo-emeritense los franceses siempre supieron ver, interpretar, hacer suyo y universalizar lo mejor de nuestra ciudad y sus habitantes.
Y hasta el francés menos relacionado con nuestra ciudad como lo fue Claude Sicard, pionero europeo de la arqueología en Egipto, encontró casi imposibles noticias, en el lejano Egipto y a finales del siglo III, de lusitanos que actuaban como fuerzas fronterizas del Imperio enrolados en la “Primera Cohorte Augusta Pretoriana de los Lusitanos”.
Desde el siglo IV Mérida y lo emeritense han fascinado a los franceses hasta hermosísimos extremos como las láminas de Laborde; o también hasta asumir como primera protagonista de su literatura a una emeritense, la emeritense por antonomasia: Santa Eulalia.
Otras fascinaciones francesas por nuestra ciudad la protagonizaron el obispo San Gregorio de Tours que hizo referencia de la floración milagrosa de unos árboles situados frente a la basílica de Santa Eulalia o la aristocracia francesa que utilizó el nombre de Santa Eulalia para bautizar a princesas y otras damas nobles.
Sin lugar a dudas cuando Roma dejó de ser el espejo en el que verse Augusta Emerita los galos o franceses siempre le recordaron que ella era fiel remedo de la “ciudad eterna”.
José Caballero Rodríguez así nos lo sugiere y demuestra con el gran libro ALEJANDRO DE LABORDE Y MÉRIDA. PEQUEÑA HISTORIA DE GRANDES GRABADOS.

A todos los presentes: gracias por su presencia en la presentación de este libro”.